Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Abajo las armas -ordenó Lupin-. Y las manos en los bolsillos.
Ante la indecisión de los agentes, declaró con energÃa:
–Juro por mi honor que estoy aquà para salvar la vida de un hombre que agoniza y que no intentaré fugarme.
–El honor de Lupin… -murmuró con ironÃa uno de los agentes.
Una patada en seco en una pierna hizo que el agente lanzara un aullido de dolor. Todos los demás agentes hicieron ademán de saltar sobre Lupin, sacudidos por el odio.
–¡Alto! – gritó el señor Weber, interponiéndose-. Anda, Lupin… Te concedo una hora… Si dentro de una hora…
–No quiero que me pongan condiciones -replicó Lupin, irascible.