Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin El señor Weber no había pronunciado palabra. Se mordía con rabia el bigote y se presentía la cólera que debía experimentar al ceder una vez más a los caprichos de aquel enemigo que parecía vencido, pero resultaba siempre victorioso.
–Subamos -dijo Lupin.
Subieron.
–Abran la puerta de esta habitación.
La abrieron.
–Que me quiten las esposas.
Hubo un momento de duda. El señor Formerie y el señor Weber se consultaron con la mirada.
–Que me quiten las esposas- repitió Lupin.
–Yo respondo de todo -aseguró el subjefe.
Y haciendo señas a los ocho hombres que le acompañaban: -Arma en mano. A la primera orden, fuego.
Los hombres sacaron sus revólveres.