Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Le parecÃa ver el castillo y evocar el misterioso escondite. La visión de un tesoro inagotable, la evocación de cofres repletos de piedras preciosas y de riquezas no le hubiera emocionado más que la imagen de aquellos pedazos de papel sobre los cuales velaba la guardia del kaiser. ¡Qué maravillosa conquista a emprender! ¡Y cuan digna de él! Y en qué forma, una vez más, habÃa dado pruebas de clarividencia y de intuición, al lanzarse al azar sobre aquella pista desconocida.
Afuera estaban trabajando en la cerradura. Le preguntó al viejo Steinweg: -¿De qué murió el gran duque?
–De una pleuresÃa, en unos dÃas. Apenas pudo recobrar el conocimiento, y lo más horrible es que, al parecer, hacÃa esfuerzos inusitados entre dos accesos de delirio para reunir sus ideas y pronunciar unas palabras. De cuando en cuando llamaba a su esposa, la miraba con aire desesperado y movÃa en vano sus labios.
–En una palabra, ¿habló? – dijo bruscamente Lupin, a quien el trabajo que estaban haciendo afuera, en torno a la cerradura, comenzaba a inquietarle.