ARADIA. Evangelio de las Brujas
ARADIA. Evangelio de las Brujas En este poema Diana es representada, enérgica y dramáticamente, como una diosa impía y abandonada por los demás dioses, diosa de los ladrones, rameras, y, ciertamente, de los 'acólitos de la luna,' como gustosamente Falstaff los llamó. En la Roma antigua, así como en la India moderna, se reconoció que ningún ser humano puede ser tan vil como para perder la protección divina de una clase u otra, y Diana era esta protectora. También es de observar que entre todos los filósofos de libre pensamiento, educados plebeyos, literatos y bohemios hubo alguna vez una tendencia poco ortodoxa de creer que todos los defectos y errores de la humanidad son más debidos (si no totalmente) a causas inevitables en las que no podemos hacer nada, como, por ejemplo, la herencia, el nacimiento de salvajes, la pobreza, el vicio, el fanatismo, los abusos, la virtud o la inquisición - es decir, que estamos tan sobrecargados de pecado, con el que nacemos, que ni todo nuestro libre albedrío puede liberarnos de ello.