Poesia
Poesia el envidioso viejo mal pagado[59],
torció el paso y la cara,
y el fiero Marte airado[60]
30 el camino dejó desocupado.
Y el rojo y crespo Apolo[61],
que tus pasos guiando descendía
contigo al bajo polo[62],
la cítara hería[63]
35 y con divino canto ansí decía:
«Deciende en punto bueno,
espíritu real, al cuerpo hermoso
que en el ilustre seno
te espera, deseoso
40 por dar a tu valor digno reposo.
Él te dará la gloria
que en el terreno cerco es más tenida[64]:
de agüelos larga historia,
por quien la no hundida
45 nave[65], por quien la España fue regida.
Tú dale en cambio d’esto
de los eternos bienes la nobleza:
deseo alto, honesto,
generosa grandeza[66],
50 claro saber, fe llena de pureza.
En tu rostro se vean
de su beldad sin par vivas señales[67];
los tus dos ojos sean