Poesia
Poesia dos luces inmortales,
55 que guíen al sumo bien[68] a los mortales.
El cuerpo delicado,
como cristal lucido y transparente,
tu gracia y bien sagrado,
tu luz, tu continente,
60 a sus dichosos siglos[69] represente.
La soberana agüela,
dechado de virtud y hermosura;
la tía[70], de quien vuela
la fama, en quien la dura
65 muerte mostró lo poco que el bien dura,
con todas cuantas precio
de gracia y de belleza hayan tenido,
serán por ti en desprecio
y puestas en olvido,
70 cual hace la verdad con lo fingido.
¡Ay tristes; ay dichosos[71]
los ojos que te vieren! Huyan luego
si fueren poderosos,
antes que prenda el fuego
75 contra quien no valdrá ni oro ni ruego.
Ilustre y tierna planta,
dulce gozo de tronco generoso,
creciendo te levanta
a estado el más dichoso
80 de cuantos dio ya el cielo venturoso».