Poesia
Poesia ofrécese a la ajena
presencia; y sabia olvida
55 el ojo mofador; buscó la vida;
y, toda derrocada
a los divinos pies que la traían[93],
lo que la en sí fiada
gente olvidado habían,
60 sus manos, boca y ojos lo hacían.
Lavaba, larga en lloro,
al que su torpe mal lavando estaba;
limpiaba, con el oro
que la cabeza ornaba,
65 a su limpieza; y paz a su paz daba[94].
Decía: «Solo amparo
de la miseria extrema, medicina
de mi salud, reparo
de tanto mal, inclina
70 a aqueste cieno tu piedad divina.
¡Ay! ¿Qué podrá ofrecerte
quien todo lo perdió? Aquestas manos
osadas de ofenderte,
aquestos ojos vanos
75 te ofrezco, y estos labios tan profanos.
La que sudó en tu ofensa
trabaje en tu servicio, y de mis males
proceda mi defensa;
mis ojos dos mortales