Poesia
Poesia el injuriado Conde[103] (a la venganza
atento, y no a la fama)
la bárbara pujanza[104],
30 en quien para tu daño no hay tardanza.
Oye que al cielo toca,
con temeroso son, la trompa fiera,
que en África convoca
el Moro a la bandera[105],
35 que, al aire desplegada, va ligera.
La lanza ya blandea
el Árabe cruel, y yere el viento[106]
llamando a la pelea:
innumerable cuento
40 de escuadras juntas veo en un momento.
Cubre la gente el suelo;
debajo de las velas desparece
la mar; la voz al cielo
confusa y varia crece;
45 el polvo roba el día y le escurece[107].
¡Ay!, que ya presurosos
suben las largas naves; ¡ay!, que tienden
los brazos vigorosos
a los remos, y encienden
50 las mares espumosas[108] por do hienden.
El Éolo[109] derecho
hinche la vela en popa, y larga entrada
por el Hercúleo estrecho[110],