Poesia
Poesia con la punta acerada,
55 el gran padre Neptuno da a la armada.
¡Ay, triste! ¿Y aún te tiene
el mal dulce[111] regazo? ¿Ni llamado,
al mal que sobreviene
no acorres? ¿Ocupado
60 no ves ya el puerto a Hércules sagrado[112]?
Acude, acorre, vuela,
traspasa el alta sierra, ocupa el llano,
no perdones la espuela[113],
no des paz a la mano,
65 menea fulminando el hierro insano.
¡Ay, cuánto de fatiga,
ay, cuánto de sudor está presente
al que viste loriga,
al infante valiente[114],
70 a hombres y a caballos juntamente!
Y tú, Betis divino,
de sangre ajena y tuya amancillado,
darás al mar vecino
¡cuánto yelmo quebrado!,
75 ¡cuánto cuerpo de nobles destrozado!
El furibundo Marte
cinco luces las haces[115] desordena,
igual a cada parte[116].
La sexta, ¡ay!, te condena,
80 ¡oh cara patria!, a bárbara cadena».