Poesia
Poesia si Eolo su reino turba, ensaña,
el rostro no varía;
y, si la alta montaña
30 encima le viniere, no le daña.
Bien como la ñudosa
carrasca, en alto risco desmochada
con hacha poderosa,
del ser despedazada
35 del hierro torna rica y esforzada[180];
querrás hundille y crece
mayor que de primero; y si porfía
la lucha, más florece,
y firme al suelo invía
40 al que por vencedor ya se tenía.
Esento[181] a todo cuanto
presume la Fortuna, sosegado
está, y libre de espanto,
ante el tirano airado,
45 de yerro, de crueza[182] y fuego armado.
«El fuego —dice— enciende;
aguza el hierro crudo; rompe y llega,
y, si me hallares, prende
y da a tu hambre ciega
50 su cebo deseado, y la sosiega.
¿Qué estás[183]? ¿No ves el pecho
desnudo, flaco, abierto? ¿O no te cabe
en puño tan estrecho