Poesia
Poesia tal es la fuerza de mis duros hados.
Los bienes más queridos y mayores
se mudan, y en mi daño se conjuran,
30 y son, por ofenderme, a sí traidores[228].
Mancíllanse mis manos si se apuran[229];
la paz y la amistad me es cruda guerra;
las culpas faltan, mas las penas duran.
Quien mis cadenas más estrecha y cierra
35 es la memoria mía y la pureza;
cuando ella sube, entonces vengo a tierra.
Mudó su ley en mí Naturaleza[230],
y pudo en mi dolor lo que no entiende
ni seso humano ni mayor viveza[231].
40 Cuanto desenlazarse más pretende
el pájaro captivo, más se enliga,
y la defensa mía más me ofende[232].
En mí la culpa ajena se castiga,
y soy del malhechor, ¡ay!, prisionero,
45 y quieren que de mí la Fama diga:
«Dichoso el que jamás ni ley ni fuero,
ni el alto tribunal, ni las ciudades,
ni conoció del mundo el trato fiero;
que por las inocentes soledades
50 recoge el pobre cuerpo en vil cabana,
y el ánimo enriquece con verdades.
Cuando la luz el aire y tierras baña,
levanta al puro sol las manos puras,