Poesia
Poesia yo, puesto en ti el lloroso
55 rostro, cortando voy onda enemiga.
Virgen, del Padre esposa,
dulce Madre del Hijo, templo santo
del Inmortal Amor[290], del hombre escudo,
no veo sino espanto.
60 Si miro la morada, es peligrosa;
si la salida, incierta; el favor, mudo;
el enemigo, crudo;
desnuda la verdad; muy proveída
de armas y valedores la mentira:
65 la miserable vida
sólo cuando me vuelvo a ti, respira.
Virgen, que al alto ruego
no más humilde[291] «sí» diste que honesto,
en quien los cielos contemplar desean;
70 como terrero puesto
(los brazos presos, de los ojos ciego),
a cien flechas estoy que me rodean,
que en herirme se emplean.
Siento el dolor, mas no veo la mano[292];
75 ni me es dado el huir, ni el escudarme:
quiera tu soberano
Hijo, Madre de amor, por ti librarme.
Virgen, lucero amado,
en mar tempestuoso clara guía,
80 a cuyo santo rayo calla el viento;