Poesia
Poesia que agora el Marte airado
despierta en la alta sierra[300],
lanzando rabia y sañas
30 en las infieles, bárbaras entrañas:
do mete a sangre y fuego
mil pueblos el Morisco descreído,
a quien ya perdón ciego
hubimos concedido[301];
35 a quien en santo baño
teñimos[302] para nuestro mayor daño;
para que el nombre amigo,
¡ay, piedad cruel!, desconociese
el ánimo enemigo,
40 y ansí más ofendiese.
Mas tal es la Fortuna,
que no sabe durar en cosa alguna.
Ansí la luz, que agora
serena relucía, con nublados
45 veréis negra a deshora,
y los vientos alados
amontonando luego
nubes, lluvias, horrores, trueno y fuego.
Mas tú, que solamente
50 temes al claro Alfonso[303], que, inducido
de la virtud ardiente
del pecho no vencido,
por lo más peligroso