Poesia
Poesia angelical, oh mano, oh sabio acento!
Quien tiene en solo vos atesorado
10 su gozo y vida alegre y su consuelo,
su bienaventurada y rica suerte,
cuando de vos se viere desterrado,
¡ay!, ¿qué le quedará sino recelo,
y noche y amargor y llanto y muerte?
Después que no descubren su lucero
mis ojos lagrimosos noche y día,
llevado del error, sin vela y guía,
navego por un mar amargo y fiero.
5 El deseo, la ausencia, el carnicero
recelo, y de la ciega fantasía
las olas más furiosas a porfía
me llegan al peligro postrimero.
Aquí una voz me dice cobre aliento,
10 señora, con la fe que me habéis dado
y en mil y mil maneras repetido.
Mas, «¡Cuánto d'esto allá llevado ha el viento!»,
respondo; y, a las olas entregado,
el puerto desespero, el hondo pido[315].
