El Fantasma de la Ópera
El Fantasma de la Ópera Desesperado, acababa de abandonar la biblioteca cuando encontré al amable administrador de nuestra Academia Nacional que charlaba en un rellano con un viejecillo vivo y pulcro, a quien me presentó alegremente. El señor administrador estaba al corriente de mis investigaciones y sabía con qué impaciencia había intentado descubrir el paradero del juez de instrucción del famoso caso Chagny, el señor Faure. Se ignoraba qué había sido de él, vivo o muerto. Y he aquí que, a su vuelta del Canadá, donde había pasado quince años, su primera salida en París había sido para solicitar un pase de favor a la secretaría de la ópera. Ese viejecillo era el señor Faure en persona.
