El Fantasma de la Ópera
El Fantasma de la Ópera La verdad tardó en penetrar mi cabeza, alterada por una investigación que a cada momento tropezaba con acontecimientos que, a primera vista, podÃan ser juzgados de extraterrestres, y más de una vez estuve a punto de abandonar una labor en la que me extenuaba persiguiendo, sin alcanzar jamás, una vana imagen. Por fin tuve la prueba de que mis presentimientos no me habÃan engañado, y fui recompensado de todos mis esfuerzos el dÃa en que adquirà la certidumbre de que el fantasma de la ópera habÃa sido algo más que una sombra.
Ese dÃa, habÃa pasado largas horas leyendo las Memorias de un director, obra ligera del excesivamente escéptico Moncharmin, que no comprendió nada, durante su paso por la ópera, de la conducta tenebrosa del fantasma, y que se burló de él todo lo que pudo, en el preciso momento en que era la primera vÃctima de la curiosa operación financiera que acontecÃa en el interior del «sobre mágico».
