El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Había oído el interrogatorio en una habitación contigua al cuarto de la señorita Stangerson y venía a referírselo a nuestro amigo con gran exactitud, gran memoria y una docilidad que me sorprendieron de nuevo. Gracias a las notas apresuradas que sacó a lápiz, pudo reproducir casi textualmente las preguntas y las respuestas.
A decir verdad, el señor Darzac parecía ser el secretario de mi joven amigo y actuaba en todo como alguien que no le puede negar nada; o mejor, como alguien que «hubiera trabajado para él».
El hecho de «la ventana cerrada» impresionó mucho al reportero, del mismo modo que había impresionado al juez de instrucción. Además, Rouletabille pidió al señor Darzac que le repitiera de nuevo cómo habían empleado el tiempo el señor y la señorita Stangerson el día del crimen, tal como la señorita Stangerson lo había establecido delante del juez. La circunstancia de la cena en el laboratorio pareció interesarle en sumo grado y pidió que se lo contara por segunda vez, para estar seguro de que únicamente el guarda sabía que el profesor y su hija cenaban en el laboratorio y cómo lo había sabido el guarda.
Cuando calló el señor Darzac, dije:
—Este interrogatorio no hace avanzar gran cosa el problema.