El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Hacia las seis de la tarde me dispuse a abandonar el castillo, llevando el artículo que mi amigo había escrito a toda prisa en el pequeño salón que Robert Darzac había puesto a nuestra disposición. El reportero dormiría en el castillo, haciendo uso de la inexplicable hospitalidad que le había ofrecido Robert Darzac, en quien el señor Stangerson, en tan tristes momentos, descansaba de toda preocupación doméstica. Sin embargo, quiso acompañarme hasta la estación de Epinay. Al atravesar el parque, me dijo:
