El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Esta maniobra me consternó, pero no pareció emocionar lo más mÃnimo a Rouletabille. De nuevo estuvimos én su habitación, y sin hablarme siquiera de la escena que acabábamos de sorprender, me dio sus últimas instrucciones para la noche. En primer lugar, cenarÃamos. Después de cenar yo debÃa entrar en el cuartito oscuro y allà esperarÃa todo el tiempo necesario «para ver algo».
—Si «ve algo» antes que yo —me explicó mi amigo—, tendrá que avisarme. Verá antes que yo si el hombre llega a la galerÃa recta por otro camino que no sea el recodo de la galerÃa, pues usted descubre toda la galerÃa recta y yo no puedo ver más que el recodo de la galerÃa. Para avisarme, no tendrá más que desatar el alzapaño de la cortina de la ventana que hay en la galerÃa recta en frente del cuartito oscuro. La cortina caerá por sà sola, velando la ventana y dejando inmediatamente un cuadrado de sombra donde habÃa un cuadrado de luz, pues la galerÃa está iluminada. Para hacerlo, no tiene más que alargar la mano fuera del cuartito oscuro. Desde el recodo de la galerÃa, que forma un ángulo recto con la galerÃa recta, yo veo por las ventanas del recodo de la galerÃa todos los cuadrados de luz que hacen las ventanas de la galerÃa recta. Cuando el cuadrado luminoso que nos ocupa se oscurezca, sabré lo que quiere decir.
—¿Y entonces?