El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo »—Usted no lo ha seguido, tÃo Jacques —dije yo con voz amenazante—. ¡Usted ha ido con el fantasma hasta la carretera de Epinay y han caminado «cogidos del brazo»!
»—¡No! —gritó—. ¡Se ha puesto a llover a cántaros… y me he vuelto!… Yo no sé lo que ha sido del fantasma negro…
»Pero sus ojos se desviaron de mÃ.
»Lo dejamos.
»Cuando estuvimos fuera:
»—¿Cómplice? —pregunté a Larsan con un tono singular, mirándolo bien de frente para sorprender el fondo de su pensamiento.
»Larsan levantó los brazos al cielo.
»—¿Quién puede saberlo?… ¿Quién puede saberlo en un caso como éste? ¡Hace veinticuatro horas habrÃa jurado que no habÃa cómplices!
»Y me dejó, anunciándome que abandonarÃa el castillo inmediatamente para ir a Epinay.
Rouletabille habÃa terminado su relato. Le pregunté:
—Bueno, ¿y qué concluir de todo ello?… La verdad, yo no veo nada…, no entiendo nada… En fin, ¿qué sabe usted?
—¡Todo! —exclamó—. ¡Todo!
Nunca habÃa visto su cara tan radiante. Se levantó y me estrechó la mano con fuerza…