El Misterio del cuarto amarillo

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Capítulo 3 - Un hombre pasó como una sombra por las contraventanas

Media hora más tarde, Rouletabille y yo estábamos en el andén de la estación de Orléans esperando la salida del tren que nos dejaría en Epinay-sur-Orge. Vimos llegar a la Justicia de Corbeil, representada por el señor Marquet y su secretario. El señor Marquet había pasado la noche en París —con su secretario— para asistir en la Scala al ensayo general de una revistilla de la que él era el autor oculto y que había firmado simplemente: «Castigat Ridendo».

El señor Marquet comenzaba a ser ya un noble anciano. Era, por lo común, de mucha cortesía y «galantería», y no había tenido en toda su vida más que una pasión: la del arte dramático. En su carrera de magistrado realmente le habían interesado sólo los casos susceptibles de proporcionarle por lo menos el tema de un acto. Aunque, decentemente emparentado como estaba, habría podido aspirar a los más altos puestos judiciales, en realidad sólo había trabajado para «llegar» a la romántica Porte-Saint Martin o al pensativo Odeón. Tal ideal le había conducido, en una edad avanzada, a ser juez de instrucción en Corbeil, y a firmar «Castigat Ridendo» un pequeño acto indecente en la Scala.


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