El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Media hora más tarde, Rouletabille y yo estábamos en el andén de la estación de Orléans esperando la salida del tren que nos dejarÃa en Epinay-sur-Orge. Vimos llegar a la Justicia de Corbeil, representada por el señor Marquet y su secretario. El señor Marquet habÃa pasado la noche en ParÃs —con su secretario— para asistir en la Scala al ensayo general de una revistilla de la que él era el autor oculto y que habÃa firmado simplemente: «Castigat Ridendo».
El señor Marquet comenzaba a ser ya un noble anciano. Era, por lo común, de mucha cortesÃa y «galanterÃa», y no habÃa tenido en toda su vida más que una pasión: la del arte dramático. En su carrera de magistrado realmente le habÃan interesado sólo los casos susceptibles de proporcionarle por lo menos el tema de un acto. Aunque, decentemente emparentado como estaba, habrÃa podido aspirar a los más altos puestos judiciales, en realidad sólo habÃa trabajado para «llegar» a la romántica Porte-Saint Martin o al pensativo Odeón. Tal ideal le habÃa conducido, en una edad avanzada, a ser juez de instrucción en Corbeil, y a firmar «Castigat Ridendo» un pequeño acto indecente en la Scala.
