El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo El señor Maleine replicó: «Entendido», detuvo a Rouletabille en su carrera y tuvo la pretensión de impedir que subiera en el departamento del juez de instrucción.
—Perdonen, señores, pero este departamento está reservado…
—Soy periodista, redactor de L’Epoque —dijo mi joven amigo con una gran demostración de saludos y cortesÃas—, y sólo tengo que decirle una palabrita al señor Marquet.
—El señor Marquet anda muy ocupado con su investigación…
—¡Oh!, su investigación me es absolutamente indiferente, créame… Yo no soy redactor de perros aplastados —declaró el joven Rouletabille, cuyo labio inferior expresaba en aquel momento un desprecio infinito por la literatura de «sucesos»—; soy cronista de teatro… y como tengo que hacer para esta noche una crÃtica de la revistilla de la Scala…
—Suba usted, haga el favor —dijo el secretario apartándose.
Rouletabille estaba ya en el departamento. Le seguÃ. Me senté a su lado; el secretario subió y cerró la puerta.
El señor Marquet miraba a su secretario.