El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Los días siguientes tuve ocasión de preguntarle de nuevo qué había ido a hacer a América. No me contestó de una forma más precisa de lo que lo había hecho en el tren de Versalles, y desvió la conversación sobre otros puntos del caso.
Un día acabó por decirme:
—Pero ¡comprenda usted que necesitaba conocer la verdadera personalidad de Larsan!
—Sin duda —dije—, pero ¿por qué ir a buscarla a América?…
Fumó su pipa y me dio la espalda. Evidentemente yo tocaba el «misterio de la señorita Stangerson». Rouletabille pensó que aquel misterio, que unía de una forma tan terrible a Larsan con la señorita Stangerson, misterio para el que él, Rouletabille, no encontraba explicación alguna en la vida de la señorita Stangerson «en Francia», pensó, repito, que ese misterio «debía tener su origen en la vida de la señorita Stangerson en América». ¡Y cogió el barco! Allí se enteraría de quién* era Larsan, adquiriría los materiales necesarios para cerrarle la boca… ¡Y marchó a Filadelfia!