El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Y ahora ¿conocen todo el misterio de la señorita Stangerson? No, todavÃa no. La señorita Stangerson tuvo de su marido Jean Roussel un hijo, un niño. El niño nació en casa de la vieja tÃa, que se las arregló para que en América nadie supiera nunca nada. ¿Qué habÃa sido de ese niño? Ésa es otra historia que les contaré algún dÃa.
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Dos meses más o menos después de estos acontecimientos encontré a Rouletabille sentado melancólicamente en un banco del palacio de Justicia.
—Y bien —le dije—, ¿en qué piensa usted, querido amigo? Parece usted bastante triste. ¿Cómo están sus amigos?
—Aparte de usted —dijo—, ¿tengo realmente amigos?
—Pero espero que el señor Darzac…
—Sin duda…
—Y que la señorita Stangerson… ¿Cómo está la señorita Stangerson?…
—Mucho mejor…, mejor…, mucho mejor…
—Entonces no tiene por qué estar triste…
—Estoy triste —dijo— porque pienso en el perfume de la dama de negro…
—¡El perfume de la dama de negro! ¡No hago más que oÃrle hablar de él! ¿Me explicará de una vez por qué un perfume lo persigue con tal asiduidad?