El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —¡Oh! No puedo decir nada por el momento… Mi idea es una cuestión de vida o muerte para dos personas por lo menos.
—¿Cree que hay cómplices?
—No creo…
Durante un momento nos quedamos en silencio, luego prosiguió:
—Ha sido una suerte encontrarnos con el juez de instrucción y su secretario… ¡Eh! ¿Qué le habÃa dicho yo del revólver?…
TenÃa la frente inclinada hacia la carretera, las manos en los bolsillos y silboteaba. Al cabo de un rato le oà que murmuraba:
—¡Pobre mujer!…
—¿Es la señorita Stangerson quien le da lástima?…
—SÃ, es una mujer muy noble y muy digna de piedad… Tiene mucho, muchÃsimo carácter…, digo yo…, digo yo…
—¿Conoce, pues, a la señorita Stangerson?
—¿Yo? En absoluto… No la he visto más que una vez…
—Entonces ¿por qué dice que tiene mucho carácter?…
—Porque supo hacer frente al asesino; porque se defendió con valor y, sobre todo, sobre todo, por la bala en el techo.