El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo Llevábamos Rouletabille y yo andando unos minutos a lo largo de la pared que bordeaba la vasta propiedad del señor Stangerson y veíamos ya la reja de entrada, cuando nos llamó la atención un personaje que, medio curvado hacia la tierra, parecía tan preocupado que no nos vio venir. Unas veces se inclinaba, se tumbaba casi en el suelo; otras se volvía a levantar y consideraba atentamente la pared; otras miraba en el hueco de su mano, luego daba largos pasos, echaba a correr y volvía a mirar en el hueco de su mano derecha. Rouletabille me detuvo con un gesto:
—¡Silencio! Frédéric Larsan está trabajando… No lo molestemos.
Joseph Rouletabille sentía una gran admiración por el célebre policía. Yo nunca había visto a Frédéric Larsan, pero lo conocía mucho por su fama.
