La maquina de asesinar
La maquina de asesinar Saltaron la pared que por detrás cerraba el pequeño cercado invadido de hierbajos, y que no era más que un caos desde que la justicia había pasado por allí excavando y revolviéndolo todo para encontrar lo que pudiese quedar de las víctimas de Benito Masson…
Una Luna pálida y fría acompañaba la lúgubre expedición con una mirada amiga.
El viejo Norbert estuvo a punto de romperse una pierna al dejarse caer. Junto al cobertizo que podría servir de cochera y de otras muchas cosas, cayó Jaime en un hoyo donde se desgarró la ropa, y del que salió a duras penas. La siniestra mansión parecía defenderse del asalto que iba a perturbar la paz miserable en que la tenía el miedo de los transeúntes desde que los representantes de la justicia salieron de ella, sellando las puertas.
Pero a ellos no les detenía nada. Como la puerta se les resistiera, violentaron con una azada una ventana, rompieron los cristales y entraron por allí.
Jaime dio al encendedor, vio sobre una mesa una bujía medio gastada y la encendió…
Estaban en la famosa cocina, frente al célebre hornillo que varias semanas después había de alcanzar un precio exorbitante en pública subasta.
