La maquina de asesinar
La maquina de asesinar »Sustituyen la risa espantosa que no puede tener, pero que seguramente tendrÃa si pudiese reÃr luego de haber bajado de un vistazo, de un solo vistazo, al fondo de su abismo interior…
»Parecen decirme: ¡También tú sabes lo que hay en el fondo de este abismo!… Nada ignoras de mi mecanismo…
»Y dirÃase que rÃen a carcajadas…
»Y se van, bajan, se alejan… Ya no son más que un lamentable tintineo…»
***
«Hoy sus ojos están más tristes que nunca, sus gestos son lentos y tranquilos, su actitud denota un grandÃsimo abatimiento… Me parece que se mueve muy lentamente… Y espero, espero…
»¡Tanto como esperé su primer gesto!… Ahora no tengo más esperanza que la de que vuelva a su nada, que se aniquile… ¿Recuerdas, Jaime, lo que, según decÃas, temÃas entonces?… TemÃas que la sutura se hiciera con demasiada rapidez…
»Y es que, tras las primeras reacciones, entreveÃas, como consecuencia, una depresión demasiado rápida… ¡Haz, Señor, que esto no sea una ilusión!
»Se vuelve lento, ¡se vuelve lento!»
***
«¡Jaime, Jaime, Jaime!… Se paraba para saltar mejor… La espantosa máquina se ha despertado…