La maquina de asesinar
La maquina de asesinar —Los que me ha facilitado mi amigo Gassier, a quien referà mi aventura y quien ordenó una investigación personal, de la que dedujo que tenÃamos todas las probabilidades de habérnoslas con un autómata.
—¿De veras?… Los señores del Tribunal del Sena han hecho por su parte averiguaciones —reflexionó en voz alta Besiéres, mientras sonreÃa extrañamente y se sentaba.
—No lo ocultan, caballero, ya que ellos, oficiosamente, por decirlo asÃ, me han aconsejado que venga a verle.
—Siga, siga, señor Lavieuville, que empieza a interesarme lo que dice… Decididamente, los funcionarios de Justicia tienen espÃritu de cuerpo y practican la solidaridad… Nunca me lo hubiera figurado…
—Continúo… Aquella noche de la manzanilla, cuando las mujeres hablaban entre ellas del supuesto mutilado, se abrió la puerta, y ¿cuál no serÃa su asombro, su espanto, al ver que aparecÃa el misterioso personaje, completamente cubierto de sangre y llevando en brazos a la señorita Cristina Norbert?… No voy a describirle la escena, ya que interrogará usted o la señora Langlois… Bástele saber que aquel monstruo mecánico dio allà a su cautiva los primeros cuidados que requerÃa y se marchó sin haber dicho una palabra.
—¡Ja, ja! Por lo visto, no habla el autómata.
—No habla, pero oye muy bien…