La maquina de asesinar
La maquina de asesinar El artículo, que era un simple relato, llevaba la firma «XXX», y una segunda nota de la redacción (N. de la R.), en la que ésta, preocupada por el efecto producido, se entregaba a consideraciones generales para dar a entender que vivimos en un tiempo de maravillas en el que no hay que asombrarse de nada y en el que se ha visto la realización de los más extravagantes sueños de poetas y de novelistas…
«En este informe —decía el diario—, que se nos ha comunicado a muy avanzadas horas de la noche para que no nos pudiéramos entregar a investigaciones, quizá no hubiéramos visto más que la renovación de uno de los cuentos más ingeniosos de Enrique Heine, si las manos de las que lo hemos recibido, así como lo que ha ocurrido de noche en la calle de las Saucedas, no nos hubieran decidido a publicar al frente de nuestra información propia, aunque con toda clase de reservas. En cuanto a los lectores nuestros que sean aficionados a la literatura, no perderán nada con ello, pues el relato campea la misma “imaginación” del autor de Reisebilder. No se puede hacer, sobre el papel, nada mejor en el género. Nuestros lectores encontrarán más de un punto de contacto con el espantoso autómata de la calle del Santísimo Sacramento en la Isla.