La maquina de asesinar
La maquina de asesinar ¡Pobres de quienes se adelantan al tiempo, de quienes se anticipan a la hora que regula la marcha del rebaño!… ¡Pobre del inventor a quien mientras espera los laureles futuros se le forjan cadenas!… ¡Con una mano lanza sobre el mundo el rayo de Prometeo, pero cuando abre la otra encuentra el ave nocturna que se convertirá en el buitre que le registro las entrañas!…
¡Palabras pomposas, en verdad, aunque a medida de esos semidioses cuya frente vencida continúa amenazando al universo!… Claro está que desentonan un poco cuando se trata de un pobre enamorado que solamente pide olvidar su genio en un beso… Pero si la tragedia es menos elevada, en cambio es muy humana y… quizá mucho más emotiva… En fin: demos a nuestro Jaime Cotentin tal como es, a la medida de una época en que los héroes no han sido tallados de una pieza en el granito mitológico…
¡Qué impaciente estaba Jaime en la placita de Luceram!… ¡Y cómo maldecÃa al buen cura que a todas sus virtudes unÃa el competente entusiasmo de un arqueólogo ante sus hermosos retablos primitivos!… «¡En marcha, en marcha!». Al parecer, allá arriba hacia un tiempo que podÃa reservar a los viajeros sorpresas desagradables…