La maquina de asesinar

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II LA BARESCAT, PARA SU DESGRACIA, VE POR FIN A GABRIEL DE CERCA

En aquel momento se levantó la viuda de Camus y dijo:

—Me parece que oigo pasos en la callo, y apuesto cualquier cosa a que es el señor Tannegrin. Aún podría divertirnos un rato —añadió dirigiéndose a la puerta—. ¡Todas esas cosas que me han contado ustedes me han puesto la carne de gallina!…

—¿No oye cómo silba el viento? —advirtió la señora Langlois—. Además, cuando yo venía comenzaba a nevar. Así es que supongo que con este tiempo no vendría el señor Tannegrin…

Mientras tanto, se acercaban rápidamente los pasos y sonaron dos llamadas en la puerta.

—¡Es el señor Tannegrin! Reconozco su manera de llamar —exclamó la de Camus.

—No abra antes de estar segura de ello —observó la Barescat.

Pero ya la de Camus había descorrido el cerrojo y había abierto la puerta. Un torbellino de viento y de nieve se metió en la tienda. Luego…

Aportemos el testimonio de los invitados de la señorita Barescat y de la misma ama de casa: testimonio que tuvieron que hacer varios días después en defensa propia y con relación al sensacional acontecimiento que se coló de rondón en aquella casa como llevado por la tempestad.


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