La maquina de asesinar
La maquina de asesinar ¿Conclusión?… O el muñeco existía o no existía… Si no existía, no había que inventarlo (frase como para reflexionada por Jaime Cotentin). Y si existía, había que suprimirlo, había que aniquilarlo sin ninguna clase de proceso… ¿Comprendido?… Los que no lo hayan comprendido nunca serán estadistas, señor Bessiéres… (Extracto de un breve diálogo entre el director de la Seguridad General y el jefe del despacho particular del ministro.)
En vista de ello, el señor Bessiéres volvía a sus oficinas diciéndose:
—Antes de suprimirlo habría que detenerlo… Pero en el caso de que lo detenga, no lo suprimiré… Me han dado tanta lata con el dichoso muñeco, que se lo endosaré seguidamente…
Este modo de concebir su papel no estaba desprovisto de cierto maquiavelismo.
Pero ese maquiavelismo no le había de hacer feliz…
Vamos a ver en seguida la causa de ello.
Aquel día se celebraba en el Instituto una gran sesión a propósito del autómata. Iba a discutirse su existencia, o, mejor dicho, la posibilidad de su existencia… Acabamos de relatar las perturbaciones ocasionadas por el sangriento muñeco en el terreno administrativo y judicial. ¿Qué eran, sin embargo, en parangón con la polvareda levantada en el terreno científico?