La maquina de asesinar
La maquina de asesinar Por de pronto, para la revisión del proceso se hubiera necesitado un nuevo hecho. Y la severa Gaceta declaraba no haberlo encontrado en las nuevas diligencias.
A ello replicaban los adversarios de la Gaceta: ¿Qué se ha de entender por hecho nuevo?… ¿Puede haber en un proceso algo más nuevo que un inocente condenado a muerte y ejecutado y que vuelve a tratar personalmente de su asunto ante los tribunales?
«¿Y si es culpable?», argumentaba la impetuosa Gaceta. «También serÃa nuevo que los magistrados se vieran en la necesidad de guillotinar nuevamente al guillotinado que se presentaba ante ellos. SerÃa nuevo, demasiado nuevo».
Tan nuevo era, que los mismos que, como Gassier, creÃan en el muñeco, retrocedieron espantados…
De producirse tal acontecimiento, habrÃa tal revolución en las costumbres judiciales, que la sociedad temblarÃa sobre su base.
Por de pronto, la pena de muerte se harÃa imposible, por cuanto inoperante, como se decÃa en el palacio de Justicia. Con ello se aseguraba el triunfo de los partidarios de su supresión, sin contar con la insoportable alegrÃa de los señores asesinos.