La maquina de asesinar
La maquina de asesinar Ahora, señor comisario, continuaré contándole lo que hizo… Comenzó por cerrar la puerta de una patada… ¡Creà que iba a hundirla!… Pero luego pasó el cerrojo… Entonces, el herborista señor Birouste, que se habÃa refugiado detrás del mostrador, gritó:
—¡Levanten las manos como yo!…
Y todas levantamos las manos como se hace en el cine… Y el gato de la señorita Barescat se marchó dando un salto terrible… Luego ya no se le ha vuelto a ver…
Por lo demás, Gabriel no decÃa nada… Pero luego de haber aplicado el oÃdo a la puerta, dejó a Cristina tendida sobre el mostrador y se puso a buscar en sus bolsillos… Probablemente querrÃa un pañuelo para enjugar la sangre que continuaba manando de la frente de la señorita Norbert… Pero por lo visto, no lo encontró… Y entonces, señor comisario… La tienda de la señorita Barescat… ¡Ay, señor comisario!…