La maquina de asesinar
La maquina de asesinar En cuanto a mÃ, me retiro, porque esa gente es demasiado fuerte. Para ahogar el escándalo tienen a todo el mundo con ellos… ¿Ha visitado usted la quintado «Las Dos Palomas»?… ¿Verdad que parece una honrada aunque suntuosa casa de campo?… ¿Puede imaginarse algo más auténticamente burgués?… Cualquiera que la visite se echará a reÃr si piensa en los artÃculos de XXX… Y es que han tomado todas las precauciones… No han dejado la menor huella de su paso…
En cuanto al marqués, cuyo nombre no es preciso pronunciar; en cuanto a esa bellÃsima persona vÃctima de una leyenda absurda, cuando XXX le representaba veladamente como presidiendo las orgÃas de «Las Dos Palomas», lloraba a su primera esposa, a la cual acababa de levantar una tumba magnifica en la cripta de sus antepasados: tumba que, si no me equivoco, se ha de inaugurar pasado mañana…
El joven, que de pronto se habÃa puesto menos triste, pero más sombrÃo, repuso:
—¿Qué dirÃa usted, señor Lebouc, si yo hiciera confesar públicamente a eso infame marqués todos sus crÃmenes, si le obligara a revelarme dónde oculta a Cristina, si consiguiera que la verdad resplandeciese de tal manera que ningún poder humano pudiera ahogarla?
—DirÃa, señor Cotentin, que habÃa realizado usted un milagro mucho mayor que el que le sirvió para la creación del maravilloso autómata…