El monje

El monje

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Serenaos, Antonia. De nada vale la resistencia, y no reprimiré más tiempo la pasión que siento por vos. Se os tiene por muerta: la sociedad os ha perdido para siempre. Aquí os poseo sólo yo. Estáis absolutamente en mi poder, y ardo en deseos que satisfago ahora mismo, o muero. Pero sólo a vos quisiera deber mi felicidad. ¡Mi hermosa muchacha! ¡Mi adorable Antonia! ¡Dejad que os instruya en goces que aún desconocéis, y os enseñe a sentir en mis brazos placeres que pronto voy a disfrutar yo en los vuestros! Vamos, es pueril este forcejeo —añadió, viendo que rechazaba sus caricias y luchaba por escapar de sus manos—. No contáis con ninguna ayuda cercana. Ni el cielo ni la tierra os salvarán de mis brazos. Así que, ¿por qué rechazáis placeres tan dulces y tan sublimes? Nadie nos ve. Nuestros amores pueden ser secretos para todo el mundo: el amor y la ocasión os invitan a que os abandonéis a vuestras pasiones. ¡Ceded a ellas, Antonia mía! ¡Ceded a ellas, mi adorable muchacha! ¡Rodeadme ardientemente con vuestros brazos, juntad vuestros labios con los míos! Entre todos sus dones, ¿os ha negado la naturaleza el más precioso, la sensibilidad del placer? ¡Oh! ¡Imposible! ¡Cada rasgo, gesto y movimiento proclama que estáis hecha para gozar y ser gozada! No apartéis de mí esos ojos suplicantes. Consultad vuestros propios encantos. Ellos os demostrarán que soy insensible a las súplicas. ¿Puedo renunciar a estos miembros tan blancos, tan suaves, tan delicados; a estos pechos abundantes, redondos, llenos y elásticos; a estos labios repletos de tan inagotable dulzura? ¿Puedo renunciar a estos tesoros, y dejarlos para que los goce otro? No, Antonia; ¡jamás, jamás! ¡Os lo juro por este beso, y este! ¡Y este!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker