Sub Sole
Sub Sole Calló el mago, i de las pupilas del rei brotó un resplandor sombrío. Aquello que acababa de oír, hizo nacer en su espíritu una idea que, vaga al principio, fué redondeándose i tomando cuerpo como la bola de nieve de la montaña. Con ademán terrible se echó sobre los hombros el manto de púrpura, i llevando pintada en el rostro la demencia de la ira, subió a una de las torres de su maravilloso alcázar. Era una tibia mañana de primavera. El cielo azul, la verde campiña con sus bosques i sus hondonadas, los valles cubiertos de flores i los arroyos serpenteando en los claros i espesuras, hacian de aquel paisaje un conjunto de una belleza incomparable. Mas, el monarca nada vió: ningún matiz, ninguna línea, ningún detalle atrajo la atención de sus ojos de milano clavados como dos ardientes llamas en el glorioso disco del sol. De súbito un águila surgió del valle i flotó en los aires, bañándose en la luz. El rei miró el ave y, enseguida, su mirada descendió a la campiña, donde un grupo de esclavos recibian inmóviles como ídolos, el beso del fúljido luminar. Apartó los ojos, i por todas partes vió esparcirse en torrentes inagotables aquel resplandor. En el espacio, en la tierra i en las aguas miríadas de seres vivientes saludaban la esplendorosa antorcha en su marcha por el azul.