Sub terra
Sub terra De vez en cuando, con expresión irónica y desdeñosa, fija sus verdes pupilas en aquel niño de rostro de cera, con la cabeza reclinada en un ángulo del sillón en que está sentado, y en el cuerpo informe y voluminoso del ama, echada de bruces en el suelo, con las rojas disciplinas en la diestra y la cabeza entre esos pies desnudos que cuelgan blancos, rígidos, y debajo de los cuales se extiende un ancho tapiz de púrpura.