Sub terra
Sub terra Don Simón Antonio se quedó un momento pensativo, calculando lo que aquellas cuatro vacas tísicas metidas de sorpresa en el piño en cambio de otras sanas, le reportaban de ganancia, además del precio pagado, en vista de la buena calidad de las reses, por el incauto comprador. Y el resultado del cálculo debió ser lisonjero, porque lanzó un gruñido de satisfacción, y hasta se sonrió ligeramente cuando, al dirigir la vista hacia el camino, percibió a través de la reja la cómica y ominosa figura del viejo, avanzando delante del vaquero, con los brazos abiertos, como si fuese tras esas sombras de la justicia y de la misericordia, bajo la irónica mirada del sol.