La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —¡Ah!, eso, pero —exclamó—: ¡me parece que formamos parte de «todo eso» por las buenas, a pesar nuestro!… ¡Desde ese momento, tenemos fundamento para ocuparnos de ello! y, por el contrario, ¡todo parece atestiguar que podemos descubrir su «última palabra»! Porque, en fin, tened en cuenta lo siguiente: la dialéctica de la naturaleza es la misma que la de nuestro cerebro: sus obras son sus ideas: «El árbol crece por un silogismo», como dice Hegel. Las cosas son penÂsamientos revestidos por diferentes exterioridaÂdes, y la naturaleza produce como nosotros penÂsamos. Tan pronto como encontramos las relacioÂnes de un fenómeno con nuestra lógica, lo clasifiÂcamos, decimos sobre él la siguiente palabra: Ciencia; y a partir de ese momento, somos sus amos.
Por lo tanto nos está permitido contar algo con el valor de nuestra Razón, incluso en lo que respecta a la suprema-solución del acertijo del universo. ¿Por qué no? En cuanto a… dios… sigamos y actuemos como si… Alguien… debiera comprendernos, y como si no debiéramos morir. Ahà está también lo que yo llamo combatir por la justicia.
Cuando pronunció estas palabras, Claire murÂmuró en el oscuro rincón en el que estaba: