La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —Amigo mÃo, lo determinado de un destino asà no basta a la idea que tenemos de nosotros mismos, y cuando, hace un rato, dije que «el espÃritu del hombre no tenÃa lÃmites», sobreentenÂdÃa, como sabéis, «si se encuentra iluminado por la humilde y divina revelación cristiana».
Cuando dijo esto, lo confieso, me estremecà tomándola casi en serio.
—¡Ya te veo venir!… —pensé—. Héteme aquà que asoma, por el horizonte, el pecado original y el valle de lágrimas. Consecuencias: en polÃtica, sacerdocio y monarquÃa; en economÃa social, la propiedad en el presente basada sobre la caridad en el futuro; en historia, los bolandistas; en cienÂcia, Josué. Si no, mi muy querido hermano, te secuestro, te torturo, te mato y haré grabar en tu losa, por tus partidarios: «Aquà yace un márÂtir.» Sistema pergeñado a los postres, para uso de damas: ¡conocido!
Aproveché entonces la ocasión para tomarme, en la señora Lenoir, una brillante revancha de los
dos o tres momentos que las paradojas de Lenoir, bastante ajustadas, me habÃan hecho pasar —cuya humillación jamás me perdonará mi ulcerado corazón.