La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Muy dulcemente esperaba incluso que, gracias a mis cuitas, este matrimonio modelo llegara pronto a las manos o, por lo menos, se tirara de los pelos a propósito de «la inmortalidad del alma» y de antemano me aprestaba a clausurar todo con amplias carcajadas burlonas.
Con estas conjeturas, resolví compartir la opinión de Lenoir ¡cualquiera que ésta pudiera ser! Porque las teorías de su mujer tenían la especialidad de enervar mi cerebro hasta hacerle perder su propio sentido.
Igualmente el lector que sin lugar a dudas, con su tacto ordinario, espera como yo cualquier colisión, siempre enojosa entre esposos, comprenderá cuál no sería mi sorpresa (diría incluso mi chasco), cuando oí murmurar a Lenoir estas extrañas palabras:
—La inteligencia de Claire es un profundo, límpido cristal, en que sólo se reflejan sublimes verdades y estoy orgulloso de amar eternamente a este ser admirable.
Cuando dijo esto, miré a Claire: me pareció que se ponía lívida.
Césaire se había levantado: dio un paso hacia su mujer e, inclinándose de repente, besó su mano durante largo tiempo, en silencio, ¡con una pasión cuyo salvaje fervor —contenido y concentrado— me asombró en un hombre de cuarenta y seis años!
Luego volvió a sentarse a mi derecha.