La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Con los ojos cerrados, Bonhomet aspiraba en su corazón las vibraciones armoniosas: luego, tambaleándose, como en un espasmo, iba a varar en la orilla, se tumbaba en la hierba y se tendía de espaldas, con sus ropas bien calientes e impermeables.
Y allí, este mecenas de nuestra era, perdido en un voluptuoso torpor, volvía a saborear, en el fondo de sí mismo, el recuerdo del delicioso canto aunque afectado por una sublimidad pasada de moda, según él— de sus queridos artistas.
Y, apurando su éxtasis comatoso, rumiaba así, despaciosamente, hasta que amanecía, esa exquisita impresión.