La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Después hubo gritos y luces, pesados y presurosos pasos. Los criados corrían asustados; la señora Lenoir respondió en voz baja a una pregunta del viejo criado. Nos llevaron a cada uno a nuestra habitación. Una hora más tarde, sintiendo que recuperaba la posesión de mí mismo, salté de la cama, metí todo lo que tenía, hecho un revoltijo, en mi maleta y me dispuse a huir por el jardín, escoltado silenciosamente y hasta la puerta por el perro pachón. Perdiendo el aliento, corrí hasta la oficina de las diligencias, me instalé en la primera rotonda que llegó y experimenté un gran placer, con la primera sacudida de las ruedas y con el ruido de los cocheros que animaban al tiro de caballos a latigazos. ¡Sentí que me alejaba de la casa Lenoir!… en la cual me prometía, in petto, no volver a poner los pies, aunque fuera por salvar mis últimos días.
¡Ah!, ¡ah!, y volví a emprender el curso de mis grandes descubrimientos. ¡Vi mundo! ¡Incluso puedo decir que hice dar a la ciencia pasos de gigante!
—Pero lo importante es terminar esta historia. Lo que tengo que decir es algo tan terrible, que he sido prolijo adrede. ¡No me atrevía! ¡Retrasaba el momento fatal!… Pero esta noche he bebido vinos cabezones que han excitado mi cerebro… y hablaré.