La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Cuando me levanté —me respondió Claire Lenoir—, después de haberlo besado y cuando aún tenÃa mi oreja sobre su boca, oà una risa muy sorda, ¡un aullido que salÃa de aquellos labios furiosos!… Entonces grité, porque me vi invadida por un terror sin lÃmites, por un terrible pavor! Y hasta tal punto mi grito salÃa del fondo de mis entrañas, que comprendisteis eléctricamente su significado.
Esto, he de confesarlo, me hizo palidecer por mi parte. La verdad es que el albergue desierto, los candelabros que parecÃa que se iban a extinguir de un momento a otro, esa idea del aniverÂsario y sobre todo esa moribunda de luto y con lentes, comenzaban a enturbiar la rectitud de mi juicio. Me invadÃa poco a poco el mal del que he hablado. Lo oÃr susurrar dentro de mÃ, como si se tratara de lejanos oleajes. ¡Vamos!, ¡vamos!, ¡digámoslo de una vez! ¡Mis dientes se pusieron a castañetear alocadamente!, el sudor corrió por mis sienes; me puse de un color verdoso, se inyectaron mis ojos y rodaron dentro de sus órbiÂtas— una espantosa opresión me hizo sentir su peso en mi pecho; me quité la mascara:
—¡Visión y locura! —grite de un modo salvaje,