La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Al señor Gustave Guiches
«—¿Nos adentramos en un terreno de fantasÃa donde somos las… figuras de la baraja?[2]
»¡Qué es esto!, acabando por hacer honor una vez más a una ingenua tradición de nuestros paÂdres —esos dÃas de carnaval en que se extasÃa la juventud—, sucede que en el momento en que Ãbamos a dar al sueño los honores de nuestros hoÂteles más consecuentes, en nuestra capital, éstos se ven invadidos, con la llegada de los trenes de la noche, por hordas vestidas más que sumariamenÂte (habiendo llevado algunas damas su terror hasta el punto de la impudicia), sucede que los mayordomos, creyéndose juguetes de mórbidas alucinaciones —cuando no de una salida de baile de máscaras— no pueden por menos que queÂdarse atónitos ante tal espectáculo, mientras que, mandados a toda prisa y presumiendo ya alguna nueva fumisterÃa de anarquistas, los socorridos guardianes de esta paz —que nos es más querida que cualquier otra cosa excepto la vida— se acaÂrician silenciosamente la perilla al hilo de las confidencias, aún temblorosas, de todos estos viaÂjeros, que escuchan con oÃdo distraÃdo, envolviénÂdolas en miradas oblicuas y suspicaces.
»—Realmente, cuando se leyeron los telegraÂmas meridionales y la electricidad obligó a todo el mundo a rendirse a la evidencia, no supimos, confesémoslo, qué pensar. ¡Era como creerse en plena Edad Media!