La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —¡SÃ!…, ¡cielos!, ¡olas lejanas, un gran acantiÂlado, la noche agonizante y las estrellas! Y en pie sobre la roca, más alto que los seres vivos, semeÂjante a los isleños de los archipiélagos del Mar Peligroso, se erguÃa un hombre! ¿Era un hombre aquel fantasma? ¡Con una mano levantaba hacia el abismo una cabeza sangrienta, cogida por los pelos! Con un aullido que no oÃ, pero cuyo horror adiviné en la ignÃvoma distensión de su gran boca abierta, parecÃa consagrarla a los soplos de la sombra y del espacio! Con la otra mano colgante sostenÃa un cuchillo de piedra, chorreante y rojo. A su alrededor me parecÃa que el horizonte no tenÃa lÃmites, ¡la soledad, por siempre maldita! Y, bajo la expresión de furia sobrenatural, bajo la contracción de venganza, de solemne cólera y de odio, reconocà en seguida, en el rostro del otisor-vampiro, el inexpresable parecido con el pobre señor Lenoir antes de su muerte, y en la cabeza cortada los rasgos, espantosamente ensomÂbrecidos, de aquel joven de otro tiempo, de sir Henry Clifton, el teniente perdido.
Tambaleándome, con los brazos extendidos, temblando como un niño, retrocedÃ.