La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet De vez en cuando, incluso, para tranquilizar a la nodriza y darle a entender que él era un hombre de elevado espíritu, un hombre de orden, murmuraba poniendo los ojos en blanco:
—Esto es algo, esto es algo que no se encuentra en el restaurante.
Pero como el remedio no ejercía acción alguna sobre su naturaleza, el señor Bonhomet tuvo que renunciar a él al cabo de tres semanas de leales intentos.
Había sido necesario entonces encontrar un medio enérgico para prescindir lo más pronto posible la leche de Fructuosa (ese era el nombre de la nodriza). Tras haber deliberado pausadamente consigo mismo, Bonhomet, repudiando las drogas, las pociones y las hierbas, se había decidido por el método de la impresión: y sencillamente le había causado tal susto que había faltado poco para que se dejara en él la razón. A la larga, una vez que se repuso el temperamento de la de Caux, Fructuosa se había encariñado con Bonhomet, al cual (gracias a los pequeños cuidados del doctor) creía deber la vida; y con el tiempo se había convertido en su ama de llaves.