La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Era una hoja local: una gaceta sucia, olvidada, rota, de fecha atrasada. Allà estaba, atrayente —a mi lado—, sobre la banqueta roja. Y ahora que lo pienso, recuerdo claramente que el camarero quiÂso quitármela para darme otra más reciente, y que me resistà a ello con el maquinal movimiento de todo hombre al que se le quiere coger lo que tiene en las manos.
Recorriendo el periódico, mis ojos se detuvieÂron en un suelto situado entre un nuevo caso de usurpación del partido clerical —juiciosamente reseñado por el periodista— y una infalible receta contra los dolores de oÃdo más insistentes, receta que preconizaba cualquier medicucho de paso.
He aquà el suelto:
«La Academia de Ciencias de ParÃs acaba de comprobar la autenticidad de un hecho más que sorprendente. EstarÃa demostrado, a partir de ahora, que los animales destinados a nuestra nuÂtrición, tales como carneros, bueyes, corderos, caÂballos y gatos, conservan en sus ojos, tras el golpe de mazo o de faca del carnicero, la imagen de los objetos que han encontrado su última mirada. Se trata de una auténtica fotografÃa del empedrado, de las tablas, de los canales, de vagas figuras, enÂtre las que casi siempre se distingue la del homÂbre que los ha golpeado. El fenómeno permanece hasta la descomposición.